| Una tarde apareció Federico con una pecera pequeñita y la apoyo sobre la mesada. Nadaba un pececito Violeta y uno Celeste. Las niñas corrieron y subieron a las sillas para mirarlos. Uno Celeste y el otro Violeta. Como los nombres de las hermanas de su cuento preferido. Ese cuento que pedían todas las noches antes de dormir. Una le daba de comer a la mañana. Y otra por la tarde. Pasaban horas mirándolos. Unas semanas después, mientras tomaban la leche, Violeta saltó de la pecera y cayó sobre el mármol de la mesada, sin sonido, sin pedir ayuda… A veces no se sabe cómo pedir ayuda… A veces no se puede. Y si hay amor se ayuda como se puede, como se puede… |